Opinión, Sociología Jurídica

Cómo redactar un escrito jurídico sin que parezca un jeroglífico

Escribir implica ser capaz de expresar información de forma coherente y correcta para que la entiendan otras personas, es una forma de comunicación. El escrito jurídico es el instrumento que contiene nuestra palabra y que plasma nuestro pensamiento para lograr la convicción judicial tras exponer nuestros argumentos.

La formación que tenemos los abogados en esta materia procede básicamente de nuestra propia experiencia, nadie nos ha enseñado a enfrentarnos con el papel en blanco y en esto no se pueden dar reglas válidas para todos, sino que cada uno tenemos que desarrollar nuestra propia técnica de escribir. El continuado ejercicio de la praxis jurídica es una excelente herramienta de aprendizaje que tiende a ampliar nuestra experiencia en el manejo del lenguaje jurídico.

Escribir un texto jurídico (un dictamen jurídico o un escrito procesal) requiere un proceso más o menos laborioso dependiendo de la complejidad de cada escrito, ya que no todos los escritos que redactamos tienen la misma dificultad ni requieren el mismo esfuerzo.

Algunas recomendaciones para redactar escritos jurídicos

1.- Definir ideas y ordenarlas: es importante que antes de empezar a escribir tengamos un esquema que contenga las principales ideas o contenidos que queremos transmitir con nuestro escrito, estudiar el procedimiento y seleccionar los argumentos que apoyen nuestra pretensión redactándolos de un modo claro, ordenado y convincente.

La elaboración de un texto jurídico exige el manejo y la utilización de información diferente y a veces dispersa, que hay que saber usar: legislación, artículos doctrinales, libros, jurisprudencia, bases de datos…

Cuando ya tenemos las ideas definidas, procede unificar contenidos y verificar la coherencia del escrito, para finalmente revisarlo. La revisión del texto es una parte fundamental en el proceso de escribir y ello implica no sólo corregir los errores ortográficos cometidos o el espacio entre los párrafos, sino también reescribir, escribir de nuevo lo ya escrito, corrigiendo y en su caso modificando algunas partes del texto.

2.- Redacción con claridad, sen cillez y concisión: la capacidad de persuasión de un escrito jurídico depende fundamentalmente de la fuerza que tengan los argumentos que se expongan en el texto. Esta exposición debe ser clara, sencilla y breve sin inducir a confusión. Así llega con mayor eficacia a los clientes y transmite una mejor imagen del despacho.

Ángel Osorio, en su libro El alma de la toga, se preguntaba “¿Cómo escribir?” y respondía diciendo que había que hacerlo “con veracidad, claridad, brevedad y amenidad”. Coincido con él en que son estas las pautas que debemos tener en cuenta para redactar bien nuestros escritos.

Hay que redactar los textos de una manera comprensible y clara, sin que ello implique pérdida de rigor técnico ni de elegancia en la forma. La claridad reclama una correcta elección del léxico en los escritos jurídicos y depende no sólo del lenguajetécnicoquepodamosutilizar, sino también del orden expositivo de las ideas, evitando escritos farragosos y oscuros que induzcan a confusión. Requiere estructurar adecuadamente los hechos, exponer con criterio los fundamentos de derecho y destacar debidamentelas pretensiones formuladas de manera que el juez pueda situarse sin dificultad ante la realidad de los hechos y pueda entender la cuestión jurídica planteada.

Para conseguir que nuestro escrito sea claro y resulte comprensible pese al necesario lenguaje técnico que debemos utilizar, se requiere:

  • Utilizar el lenguaje con propiedad, riqueza léxica y precisión terminológica. Esto último cobra especial relevancia en el ámbito jurídico ya que hay que diferenciar figuras jurídicas: no es lo mismo caducar que prescribir, desistir que allanarse o rescindir que resolver.
  • Evitar la repetición de las mismas palabras o utilizar vocablos cuyo significado no se corresponda con lo que queremos expresar.
  • Que las frases que forman los párrafos vayan ligadas con coherencia y armonía. • Evitar párrafos extensos.
  • Utilizar la voz activa en lugar de la pasiva.
  • Evitar los errores tipográficos por no haber revisado el texto.
  • Escribir con naturalidad evitando palabras rebuscadas, latinismos y extranjerismos.
  • Ni que decir tiene que los escritos deben ser correctos tanto en el fondo como en la forma, lo que supone el rechazo de las descalificaciones o enfrentamientos directos, tanto con el juez como con los compañeros o con el resto de las partes (testigos, peritos, abogados), algo que evidenciaría incapacidad para defender posturas con fundamentos estrictamente jurídicos y con argumentos sólidos.

Nuestros textos tienen que ser breves, deben contener la esencia de lo que queremos decir, concentrando nuestro esfuerzo en los argumentos que sean relevantes para la decisión del litigio. Hay que evitar escritos largos y redundantes con repeticiones innecesarias de largas citas de sentencias y datos, porque no significa que tengan una mayor profundidad o calidad y lejos de añadir valor a nuestro escrito, se lo resta haciendo más confuso el texto.

En reiteradas ocasiones hemos recibido demandas o informes jurídicos interminables, farragosos y que dificultan ser entendidos por su receptor. No hay peor enemigo de un escrito que la extensión innecesaria.

Utilizar el “corta y pega” puede dar lugar a escritos muy extensos en los que se introducen fragmentos de sentencias encontradas en bases de datos y que algunas veces no tienen relación con el objeto que se debate, dificultando la comprensión del texto. Además los jueces lo perciben enseguida y hay sentencias que desestiman demandas por su farragosidad y extensión, respondiendo a un corta y pega que contradice las reglas básicas que debemos tener en cuenta en la redacción de nuestros textos.

3.- Revisión de los textos y corrección de errores: revisar el texto es esencial en el proceso de escribir, pero ello no sólo implica corregir faltas ortográficas, sino que tiene que tratarse de una revisión en profundidad que afecte a las ideas principales y a la propia estructura del texto. La revisión ha de comprender no sólo la forma, sino también el fondo y debemos aprovecharla para mejorar el escrito, rectificando los posibles errores y haciéndolo más completo y más claro.

Escribir un texto jurídico representa un proceso creativo que exige un manejo adecuado del lenguaje como instrumento de comunicación jurídica y, en definitiva, debemos mantener un estilo en el que se acompasen la técnica jurídica y las exigencias gramaticales básicas, ya que ello forma parte inescindible del quehacer profesional del abogado.

 

Realizado por Rosana Pérez Gurrea. Abogacía Española. E-BOOK. Comunicación y Marketing Jurídico.

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